Tomar consciencia de tu propio cuerpo

Podemos ver el ser humano como un conjunto formado por un carruaje tensado por un caballo, conducido por un cochero y dentro del cual está el pasajero. El carruaje sería el equivalente al cuerpo físico, el caballo serían las emociones (cuerpo emocional), el cochero la mente (cuerpo mental)… ¿y quién es el pasajero? ¡La consciencia! El carruaje, por sí solo, no hace nada. Necesita ser dirigido para moverse y hace aquello que alguien le manda. Cuando el caballo del carruaje corre desbocado, el cochero difícilmente puede mandarlo y la integridad del carruaje, del cochero y del pasajero corren peligro. Esto pasa cuando nuestra vida está guiada por las emociones sin control.

Lleva el control de tu vida

Cuando el cochero toma el control y va donde quiere él, puede llevar al pasajero a lugares no deseados, hacerle dar vueltas por donde no quiere y hacerle perder el tiempo y la energía en tumbos innecesarios. Esto pasa cuando es la mente la que gobierna nuestra vida, a menudo inmersa en pensamientos que no nos llevan a ninguna parte y que nos agotan. Cuando el pasajero es el líder y director de la situación, dice al cochero dónde quiere ir e incluso por dónde, si lo cree necesario. Cochero, caballo y carruaje están al servicio de aquello que se necesita. Esto pasa cuando la consciencia está despierta y gobierna todos los “cuerpos” (físico, emocional y mental), que están a su servicio.

¿Con qué cuerpo te identificas? ¿Cuál es el cuerpo que gobierna tu vida? ¿Te dejas llevar a menudo por las emociones? ¿Tu mente no para de dar vueltas y de pensar en un montón de cosas a la vez? La buena noticia se que aunque sea el caballo o el cochero el que nos lleva, el pasajero puede acabar gobernando la situación. Todo es una cuestión de aprendizaje y de práctica.

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