Masajes y Tantra: El placer de los sentidos

Es fácil imaginarse, cuando se nos habla de masaje tántrico, un masaje de tipo erótico, de los de “final feliz”, y es que ese adjetivo, “tántrico”, se utiliza mucho para hablar del sexo de este tipo. No sería justo culpar a la gente por asociar ideas, como cuando ves Masajes Shiva Barcelona, pero tampoco lo es dejar las cosas como están y que solo se piense en el masaje tántrico como si fuera un simple masaje erótico.

En realidad el masaje tántrico se concentra en los genitales, sí, pero no tiene como finalidad el orgasmo, en el caso de los hombres acompañado de la eyaculación, sino mejorar la sexualidad de quien lo recibe, liberar su energía sexual o kundalini, que se considera la energía vital, útil y necesaria para enfrentarse a todos los retos con los que nos encontramos en nuestra vida y para emprender cualquier proyecto.

El origen del tantra

La palabra “tántrico” viene de “tantra”, concepto con el que los hindúes definen el proceso de crecimiento personal por la vía del placer. Básicamente la idea es que la felicidad sexual conlleva un buen estado de salud general.

Decimos que la finalidad del masaje tántrico no es el orgasmo, aunque este se puede producir al concentrarse los movimientos en los genitales. No se produce una relación sexual propiamente dicha entre la persona que da el masaje y la que lo recibe, pero se podría considerar un tipo de masturbación, que sería un “efecto secundario” del masaje.

En el masaje tántrico se llama “lingam” al miembro viril y “yoni” a los genitales femeninos, y al tratarse de un masaje extremadamente íntimo se aconseja que ambas personas estén desnudas, además de preparar un ambiente relajante, con música suave e iluminación tenue.

De hecho, para sacarle el máximo provecho se aconseja que las personas implicadas sean pareja, aunque el masaje puede acabar siendo los preliminares del coito o no, simplemente un masaje para liberar energía sexual sin que el proceso derive en una relación sexual completa.

El masaje del lingam en el hombre consistiría en empezar masajeando el cuerpo entero, pero evitando los genitales, y después, con aceite lubricante, masajear esta zona tan sensible y placentera prestando atención también a testículos, ano y perineo, dando rodeos, para posteriormente masajear el pene propiamente dicho y en especial el glande. Se trata de acercar al hombre al orgasmo, pero evitándolo, lo que le permitirá controlar mejor sus erecciones y conseguir mejores orgasmos.

El del yoni es algo distinto: en este caso se empieza directamente en los genitales, pero siendo más complejos que los masculinos dan juego para un largo masaje. Primero los labios mayores, luego los menores, y por supuesto el clítoris, que siendo mucho más sensible que el pene hay que tratar con cuidado y precisión. Además, se introduce un dedo en la vagina con la palma hacia arriba, se dobla ese dedo en dirección a la palma, y así se encuentra la zona esponjosa que se conoce como Punto G. Con dos dedos, mejor, y si se masajea haciendo círculos se podría llegar a conseguir un orgasmo intensísimo.

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